El emprendimiento se ha convertido en el nuevo yoga. Una disciplina que, supuestamente, cualquiera puede practicar si tiene los suficientes cristales energéticos, una conexión de fibra óptica y una predisposición natural a llamar “oportunidad” a lo que el resto de los mortales llamamos “problema”. Alberto Casado y Rober Bodegas, el dúo detrás de Pantomima Full, han vuelto a poner el dedo en la llaga de una generación que confunde tener un logo bonito con tener un modelo de negocio. Su sentencia es demoledora: hay mucho emprendedor, pero no hay emprendimiento.
La tiranía del "branding" personal
En el universo de las mujeres que lideran, esta crítica escuece especialmente. Hemos pasado de la invisibilidad absoluta a una sobreexposición donde parece que, si no estás dando una charla TED sobre cómo concilias tu startup de inteligencia artificial con la crianza de tres hijos y el ayuno intermitente, no estás "haciendo nada". Pantomima Full retrata a ese personaje que se siente CEO porque ha alquilado una mesa en un coworking de Malasaña y usa términos en inglés para ocultar que su cuenta bancaria está en números rojos.
Para nosotras, la presión es doble. No solo debemos ser rentables, debemos ser inspiradoras. El emprendimiento femenino se ha envuelto en una capa de purpurina y empoderamiento de manual que, a menudo, olvida la parte más importante: la estructura. Nos han vendido que el entusiasmo es un activo financiero, y no lo es. El entusiasmo es el combustible, pero el motor son los márgenes de beneficio, la logística y la capacidad de pivotar cuando el mercado te da la espalda.
El peligro de las expectativas irreales
Cuando Alberto Casado y Rober Bodegas parodian al "emprendedor de fachada", nos están advirtiendo sobre la burbuja de la apariencia. En redes sociales, el éxito se mide por la calidad de tus filtros y no por tu declaración de la renta. Esto genera una brecha de ansiedad peligrosa. Muchas mujeres, con proyectos sólidos y reales, se sienten mediocres porque no alcanzan el estándar de vida que proyectan las "influencer-entrepreneurs".
Ese falso emprendimiento se basa en la narrativa del sacrificio estético. "Trabaja mientras ellos duermen", "Sé tu propia jefa". Frases que quedan de maravilla en una taza de cerámica, pero que ignoran la realidad de las facturas de autónomos, la soledad del mando y la precariedad oculta bajo un blazer de marca. El riesgo es que estamos creando una legión de fundadoras de proyectos que no tienen base, empresas que son solo un nombre en una biografía de Instagram esperando a que alguien, algún día, las convierta en algo real.
Menos épica y más hojas de cálculo
La crítica de Pantomima Full es necesaria porque nos obliga a aterrizar. El emprendimiento real es aburrido. No tiene banda sonora de sintetizadores ni se resume en un vídeo de treinta segundos. Son horas frente a un Excel, llamadas comerciales donde te dicen que no y fines de semana revisando contratos. La romantización del sector ha provocado que muchas mujeres se lancen al vacío sin paracaídas, convencidas de que "si lo deseas, sucede".
En Extraordinarias creemos en el poder de las mujeres para transformar la economía, pero esa transformación no vendrá de la mano de la cosmética empresarial. Vendrá de entender que ser emprendedora no es un título nobiliario ni una categoría estética. Es un oficio. Y como todo oficio, requiere técnica, paciencia y una dosis de realidad que el algoritmo de Instagram suele censurar por no ser suficientemente "aspiracional".
Hacia un nuevo pragmatismo femenino
¿Es posible emprender sin caer en la parodia? Por supuesto. Pero el primer paso es despojar al éxito de su disfraz. Necesitamos hablar más de fracasos operativos y menos de "manifiestos de marca". El humor de Alberto Casado y Rober Bodegas nos ofrece un espejo incómodo: si te ves reflejada en el tipo que habla de "sinergias" mientras su empresa se desmorona, es hora de repensar la estrategia.
Las mujeres que están moviendo el mundo no siempre tienen tiempo para grabarse contando cómo es su rutina de mañana. Están trabajando. Están negociando. Están creando valor real en un mundo que prefiere la imagen de una victoria antes que la disciplina que conlleva conseguirla. Quizás el verdadero acto de rebeldía hoy en día no sea emprender, sino admitir que, para que un negocio funcione, hace falta mucho más que una buena actitud.
Al final, la diferencia entre ser un personaje de Pantomima Full y ser una empresaria extraordinaria radica en un solo detalle: la capacidad de sostener tu visión cuando las luces de la cámara se apagan y solo quedas tú, tu idea y la realidad de un mercado que no entiende de filtros. ¿Estás construyendo un negocio o solo estás decorando una oficina virtual? La respuesta a esa pregunta determinará si tu historia termina en éxito o en otro video viral sobre los absurdos de nuestra época.




