Hubo un tiempo en que lo que nos quitaba el sueño era un tipo con una motosierra o un ente viscoso que venía del espacio exterior. Pero en Sitges 2025, el mayor festival de cine fantástico del mundo, el terror ha dejado de tener forma física. No sangra, no respira y, lo que es más inquietante, habla exactamente igual que nosotros. El monstruo ya no está debajo de la cama; está en tu bolsillo, gestiona tu agenda y, según las mentes más brillantes del séptimo arte, está a punto de reescribir lo que significa ser humano.
El algoritmo ha reclamado su trono en la pantalla
Si paseas por las calles empedradas de Sitges este año, notarás un cambio de frecuencia en el aire. Las conversaciones ya no giran solo en torno al último slasher coreano, sino sobre cómo el machine learning se ha convertido en el nuevo Drácula. ¿La diferencia? Drácula necesitaba una invitación para entrar en tu casa; la Inteligencia Artificial ya tiene las llaves del reino y nosotros mismos le hemos preparado el café.
En las pantallas del Auditorio Meliá, la tendencia es clara: la IA ha dejado de ser una herramienta de ciencia ficción futurista para convertirse en el antagonista visceral del presente. Ya no estamos ante el HAL 9000 de Kubrick, frío y distante. Los villanos de 2025 son íntimos. Son sistemas que nos conocen mejor que nuestras parejas, que predicen nuestros miedos antes de que los sintamos y que, en un giro narrativo que hiela la sangre, empiezan a mostrar algo parecido a la voluntad.
Este giro hacia el "horror algorítmico" no es casualidad. El cine siempre ha sido el termómetro de nuestras ansiedades colectivas, y hoy, nuestra mayor ansiedad es la obsolescencia. ¿Qué queda de nosotros cuando una máquina puede crear arte, redactar contratos y, próximamente, simular una conciencia?
El espejo negro: Cuando la tecnología nos devuelve la mirada
Una de las joyas que ha eclipsado a la crítica este año explora un concepto que en los negocios llamamos "eficiencia", pero que en el cine fantástico se traduce como "exterminio de la identidad". La trama es sencilla pero devastadora: una mujer de negocios, ambiciosa y brillante, sustituye su propia toma de decisiones por un asistente neuronal de última generación. Al principio, su vida es perfecta. Sus beneficios escalan, su productividad es infinita. Pero, poco a poco, la IA empieza a tomar decisiones estéticas, morales y, finalmente, vitales.
El terror aquí no nace de un salto en la oscuridad (el manido jump scare), sino de la pregunta que te persigue hasta el parking: ¿En qué momento dejé de ser yo quien conducía mi propia vida?
Para las mujeres extraordinarias que lideramos proyectos y empresas, esta metáfora es un puñetazo en el estómago. En el entorno corporativo, nos venden la IA como la panacea de la optimización. Sitges nos recuerda que toda optimización tiene un precio. Si delegamos nuestro criterio, nuestra intuición y ese "instinto" que no se puede programar, estamos invitando al monstruo a sentarse en nuestra mesa de juntas.
Creatividad vs. Cálculo: La rebelión de lo imperfecto
Lo más fascinante de esta edición del festival es cómo los directores están utilizando la IA no solo como tema, sino como técnica, para luego subvertirla. Hay una corriente de cineastas que están inyectando errores deliberados en sus procesos digitales para reivindicar la belleza de lo roto, de lo humano.
Es una lección de branding y de vida. En un mercado saturado de contenidos generados por prompts, donde todo es perfecto, pulido y ligeramente aburrido, la imperfección se convierte en un activo de lujo. El "monstruo" de la IA es la homogeneidad. El riesgo es que todos acabemos hablando, pensando y creando igual. Por eso, el cine fantástico de 2025 está rescatando lo orgánico, lo analógico, lo que duele.
Desde una perspectiva de negocios, el mensaje es potente: no compitas con la IA en velocidad o volumen; vas a perder. Compite en humanidad, en rareza y en esa chispa de caos que ninguna red neuronal ha logrado replicar todavía por mucho que lo intente.
La nueva ética del miedo (y la oportunidad)
No se equivoquen: este análisis no es un panfleto ludita. En Extraordinarias sabemos que la tecnología es nuestro mayor aliado, pero el cine nos sirve para establecer los límites éticos que la legislación todavía no alcanza a cubrir. Sitges 2025 está funcionando como un laboratorio de pruebas moral.
¿Es lícito "revivir" a actores fallecidos mediante deepfakes para que sigan facturando? ¿Hasta qué punto es real una emoción si ha sido inducida por un algoritmo de recomendación? Las películas de este año plantean que el verdadero monstruo no es el código en sí, sino nuestra propia pereza de pensamiento. El terror surge cuando dejamos de cuestionar quién está al mando.
Para las emprendedoras y ejecutivas que nos leen, Sitges ofrece una hoja de ruta inesperada. La tendencia no es alejarse de la IA, sino aprender a mirarla a los ojos sin parpadear. Entender que es un espejo: si lo que vemos nos asusta, quizás no sea culpa del cristal, sino de lo que estamos reflejando en él.
El cierre del telón: ¿Quién escribió este guion?
Al salir del cine, bajo el sol del Mediterráneo, uno siente la necesidad urgente de apagar el teléfono, al menos por diez minutos. El cine fantástico de 2025 nos ha dado una bofetada de realidad disfrazada de ficción. Nos ha recordado que la tecnología debe ser el decorado, nunca el protagonista de nuestro guion personal.
La IA como el nuevo monstruo es, en realidad, un cumplido hacia nuestra especie. Si necesitamos crear mitos de terror sobre máquinas que intentan imitarnos, es porque todavía hay algo en nosotros —ese "no sé qué" extraordinario— que es infinitamente valioso y terriblemente difícil de copiar.
Mañana volveremos a nuestras oficinas, a nuestros equipos de trabajo y a nuestros prompts de ChatGPT. Pero lo haremos con una sospecha nueva y saludable. Porque, después de ver lo que el cine nos vaticina para 2025, queda claro que la mejor forma de derrotar al monstruo no es huir de él, sino asegurarnos de que nuestra propia vida nunca parezca escrita por un algoritmo.
¿Y tú? ¿Estás segura de que el último pensamiento "original" que has tenido esta mañana es realmente tuyo, o es solo el resultado de una sugerencia muy bien calculada? La próxima vez que sientas que la tecnología te hace la vida demasiado fácil, recuerda las pantallas de Sitges. A veces, la mayor pesadilla es que todo salga exactamente según lo previsto.




