El fin de la fiebre del oro: por qué Mira Murati ha pinchado la burbuja de la IA en los negocios
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    El fin de la fiebre del oro: por qué Mira Murati ha pinchado la burbuja de la IA en los negocios

    Ana Vergara5 min
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    Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que mencionar las siglas IA en una junta de accionistas equivalía a imprimir billetes gratis. Se sentía como el nuevo elixir de la eterna juventud corporativa: una gota en tus procesos y, de pronto, todo el legado ineficiente de tu empresa se transformaba en oro

    Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que mencionar las siglas IA en una junta de accionistas equivalía a imprimir billetes gratis. Se sentía como el nuevo elixir de la eterna juventud corporativa: una gota en tus procesos y, de pronto, todo el legado ineficiente de tu empresa se transformaba en oro puro. Pero el efecto de la purpurina se está pasando. El maquillaje se corre y lo que queda debajo es una verdad que las mujeres que realmente mueven los hilos de la tecnología llevan meses advirtiendo. La inteligencia artificial no es una estrategia de negocio, es, simplemente, software. Muy avanzado, sí, pero incapaz de arreglar un modelo de negocio que ya estaba roto antes de la primera línea de código.

    La trampa del optimismo algorítmico

    Cualquier directiva que haya sobrevivido a tres burbujas tecnológicas sabe detectar ese olor a "solución mágica" desde kilómetros de distancia. Lo vimos con el metaverso y con el blockchain. Ahora, el riesgo no es la tecnología en sí, que es fascinante, sino la pereza intelectual de delegar la estrategia a una herramienta.

    Mira Murati, hasta hace poco la cara visible y estratégica de OpenAI, ha sido vocal sobre algo que muchas líderes comparten en privado: el despliegue de estas herramientas debe ser responsable, pero sobre todo, útil. No necesitamos que la IA escriba poemas mediocres; necesitamos que resuelva el cuello de botella de la cadena de suministro que nos quita el sueño. El hype vende suscripciones de ChatGPT Plus, pero la eficiencia real es la que mantiene a flote una empresa cuando los fondos de capital riesgo deciden cerrar el grifo. Las mujeres en puestos de mando están liderando esta transición del "qué guay suena" al "cómo impacta en el margen neto".

    Menos créditos de computación, más valor real

    Estamos viendo un fenómeno curioso en los balances de situación. Muchas startups y departamentos de innovación están quemando créditos de Microsoft Azure o AWS como si no hubiera un mañana, entrenando modelos que a veces no saben qué problema están intentando solucionar. Es el equivalente tecnológico a comprarse un Ferrari para ir a por el pan en una calle peatonal.

    La verdadera eficiencia no es automatizar por automatizar. Es entender dónde el talento humano de tu equipo está siendo desperdiciado en tareas de bajo valor. Las líderes más brillantes no están preguntando qué puede hacer la IA por ellas, sino qué partes de su estructura de costes son lo suficientemente estúpidas como para que una máquina las gestione. La sostenibilidad de un negocio en 2024 no se mide por cuántos procesos has "inteligenciado", sino por cuánto tiempo has liberado a tus mentes más creativas para que piensen en la estrategia del próximo año.

    El sesgo de la eficiencia y el factor humano

    Hay un peligro silencioso en la obsesión por la productividad algorítmica: olvidar que los negocios se siguen cerrando entre personas. Si sustituimos cada punto de contacto humano por un bot perfectamente optimizado pero carente de alma, estamos erosionando el valor de marca. La IA puede procesar un millón de facturas en un segundo, pero no puede entender por qué un cliente clave está perdiendo la fe en tu proyecto.

    Las directivas con una visión 360 están utilizando la IA para absorber el ruido, no para reemplazar la señal. La señal es la intuición, la capacidad de leer entre líneas y la ética. En sectores como la biotecnología o el fintech, donde las mujeres están ocupando espacios de poder cada vez más influyentes, el uso de la IA se está planteando como un microscopio de alta precisión, no como un sustituto del científico. Es una herramienta que amplifica el talento, no una muleta que lo atrofia.

    Modelos de negocio que no necesitan milagros

    Si tu negocio no es rentable sin IA, probablemente sea un mal negocio. Este es el jarro de agua fría que muchas consultoras no quieren venderte. La tecnología debería ser el multiplicador de un uno, no el intento de multiplicar un cero.

    Las emprendedoras que están levantando rondas de financiación serias en este clima no venden "IA". Venden soluciones logísticas, diagnósticos médicos más rápidos o personalización de retail hiperprecisa. La IA es el motor bajo el capó, pero lo que venden es el viaje. La madurez de una líder en esta era se demuestra cuando deja de hablar de modelos de lenguaje y empieza a hablar de retención de clientes, optimización de inventarios y sostenibilidad financiera.

    La resaca del hype: un espacio para las pragmáticas

    Cuando la espuma de la novedad baje (y está bajando), solo quedarán en pie las empresas que trataron a la inteligencia artificial con el mismo pragmatismo con el que se trata a un nuevo sistema de contabilidad o a una nueva ley fiscal. Menos fuegos artificiales y más arquitectura sólida.

    La verdadera ventaja competitiva hoy no es tener el modelo más grande, sino el más específico. Es pasar de lo generalista a lo artesanal. Porque, al final del día, el poder no reside en la herramienta, sino en la mano que la dirige y en la cabeza que sabe cuándo apagarla para tomar una decisión puramente humana.

    La pregunta que queda flotando en los despachos de las mujeres que están redefiniendo el futuro no es cuánto puede hacer la máquina por nosotras, sino cuánto espacio estamos dispuestas a reclamar para que lo extraordinario, lo que no se puede programar, siga siendo el motor de nuestras casas y de nuestras empresas. El mañana no pertenece a los algoritmos, sino a quienes sepan usarlos sin vender su alma al hype.

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