Marianne Khoury abandona El Gouna y deja un vacío cinematográfico imposible de llenar en el mundo árabe
    Historias

    Marianne Khoury abandona El Gouna y deja un vacío cinematográfico imposible de llenar en el mundo árabe

    Laura Cisneros4 min
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    Marianne Khoury no solo heredó una silla; heredó la responsabilidad de sostener un espejo frente a una sociedad que a veces prefiere cerrar los ojos. Cuando hace unos días se confirmó su salida de la dirección artística del Festival de Cine de El Gouna (GFF), el aire en la costa del Mar Rojo cambió

    Marianne Khoury no solo heredó una silla; heredó la responsabilidad de sostener un espejo frente a una sociedad que a veces prefiere cerrar los ojos. Cuando hace unos días se confirmó su salida de la dirección artística del Festival de Cine de El Gouna (GFF), el aire en la costa del Mar Rojo cambió de densidad. No es solo un relevo administrativo; es el cierre del puño de una mujer que demostró que, en el cine árabe, el poder no se pide, se ejerce.

    El peso de un apellido y la libertad de una mirada

    Llevar el apellido Chahine en Egipto es como llevar el apellido Coppola en Hollywood, pero con una carga política y social mucho más explosiva. Marianne Khoury, sobrina del legendario Youssef Chahine, decidió hace décadas que no iba a ser la guardiana de un museo familiar, sino la arquitecta de un nuevo cine. Su llegada a El Gouna no fue un ejercicio de nepotismo, sino un acto de resistencia cultural.

    En una región donde la gestión cultural suele ser un campo de minas de burocracia y conservadurismo, Marianne operó con la precisión de un cirujano. No solo trajo películas; trajo conversaciones incómodas. Bajo su mando, el GFF dejó de ser una pasarela de celebridades para convertirse en una incubadora de realidades. Ella entendió antes que nadie que el glamour sin sustancia es solo ruido, y que el cine, si no pica, no sirve.

    Gestionar el caos con elegancia de seda

    ¿Qué significa dirigir un festival de clase mundial en el Egipto actual? Significa equilibrar la censura, las expectativas estatales, el ego de los inversores y la fragilidad de los artistas. Khoury lo hizo pareciendo que apenas se esforzaba. Esa es la marca del liderazgo femenino de élite: la capacidad de resolver crisis sistémicas mientras mantienes la compostura en una alfombra roja.

    Marianne no se limitó a seleccionar filmes. Su legado más potente es la CineGouna Platform, el corazón financiero y formativo del festival. Ella sabía que el cine árabe no necesitaba palmaditas en la espalda, sino dinero, coproducciones y mercados internacionales. Al abrir las puertas a cineastas emergentes, especialmente a mujeres jóvenes que nunca pensaron que sus historias cruzarían el Nilo, Khoury no solo gestionó un festival; construyó una industria.

    El fin de un matriarcado cultural en la sombra

    Su salida marca un punto de inflexión peligroso. En los últimos años, el cine árabe ha vivido una "era dorada" de gestión femenina. Mujeres como Khoury han sido el dique de contención frente a la comercialización vacía y el control narrativo. Cuando una figura de este calibre da un paso al costado, la pregunta no es quién ocupará su despacho, sino si la nueva dirección tendrá la misma "columna vertebral" para defender la libertad creativa frente a las presiones del mercado.

    El Gouna se hizo famoso por su arquitectura de vanguardia y su ubicación de ensueño, pero su verdadera alma era la visión de una mujer que entiende que la cultura es la última frontera de la política. Khoury se va dejando un festival que ya no es un proyecto, sino un estándar. Pero los estándares son frágiles cuando no hay una mano firme —y con historia— que los sostenga.

    Por qué deberíamos mirar hacia Oriente Próximo hoy

    A menudo, desde Occidente, miramos el liderazgo femenino en regiones como Egipto con una mezcla de condescendencia y sorpresa. Gran error. Lo que Marianne Khoury ha logrado en El Gouna es una lección de "soft power" que muchas ejecutivas en Londres o Nueva York envidiarían. Ha lidiado con cambios de régimen, pandemias que cerraron teatros y una polarización social extrema, y a pesar de todo, mantuvo el proyector encendido.

    Su legado no son los premios entregados, sino el espacio que conquistó. Un espacio donde las mujeres no son solo las musas de las historias, sino las dueñas de la mesa de edición y de los presupuestos millonarios.

    El último corte de Marianne

    Dicen que en el montaje de una película, el último corte es el que decide si la historia sobrevive o muere. La salida de Marianne Khoury de El Gouna se siente como ese último corte necesario pero doloroso. Ella se retira del foco principal, pero su huella en el cine árabe es indeleble.

    Ahora nos queda observar si la plataforma que ella construyó seguirá siendo un faro de audacia o si se convertirá en un evento más del calendario institucional. Lo que es seguro es que, en las cafeterías de El Cairo y en las oficinas de producción de Beirut, el nombre de Marianne Khoury seguirá siendo sinónimo de una verdad absoluta: que para cambiar el mundo, primero hay que saber proyectarlo.

    Gracias por enseñarnos a mirar, Marianne. El cine ahora tiene que aprender a caminar solo, esperando no perder el ritmo que tú le marcaste.