Por qué jugar es la estrategia de negocios más radical de tu carrera
    Creatividad

    Por qué jugar es la estrategia de negocios más radical de tu carrera

    Elena Márquez4 min
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    Si ahora mismo te diera una caja de acuarelas, un set de LEGO o una tarde libre para aprender a patinar, ¿cuál sería tu primer impulso? Para la mayoría de las mujeres que lideran proyectos, la respuesta es una punzada de culpa. Hemos optimizado tanto nuestra existencia que cualquier actividad que no

    Si ahora mismo te diera una caja de acuarelas, un set de LEGO o una tarde libre para aprender a patinar, ¿cuál sería tu primer impulso? Para la mayoría de las mujeres que lideran proyectos, la respuesta es una punzada de culpa. Hemos optimizado tanto nuestra existencia que cualquier actividad que no pueda medirse en un KPI o publicarse en LinkedIn como un "logro de bienestar" nos parece una pérdida de tiempo.

    La tiranía de la mujer eficiente

    Vivimos instaladas en la falacia de la productividad constante. Desde que nos despertamos hasta que cerramos el portátil, cada movimiento tiene una intención: ser mejores madres, mejores jefas, mejores versiones de nosotras mismas. Hemos convertido el autocuidado en otra tarea más de la lista (hacer yoga para rendir más, meditar para no colapsar) y, en el camino, hemos asesinado al juego.

    Jugar, por definición, es una actividad que no tiene un objetivo final. Es el reino de lo inútil, de lo caótico, de lo que se hace simplemente porque sí. Para una ejecutiva o una emprendedora, esto suena casi herético. Sin embargo, hemos olvidado que el cerebro no es una máquina de vapor que solo necesita más carbón para seguir andando. Es un organismo vivo que se asfixia sin el asombro.

    El cerebro necesita el recreo para sobrevivir al caos

    Cuando nos permitimos jugar, nuestro cerebro entra en un estado que los neurocientíficos adoran: la red neuronal por defecto. Es ahí, cuando no estamos enfocadas en resolver un problema específico, donde ocurren las conexiones más brillantes. Las ideas más disruptivas de la última década no nacieron en salas de juntas frente a una presentación de PowerPoint, sino en momentos de distracción pura.

    El juego reduce el cortisol de una manera que un spreadsheet de tareas nunca podrá compensar. Al jugar, bajamos las defensas. Nos permitimos ser mediocres en algo, y en esa mediocridad hay una libertad absoluta. Si estás aprendiendo a bailar tango y te tropiezas, no pasa nada. No hay un inversor mirándote, no hay una evaluación de desempeño. Esa ausencia de juicio es el abono más fértil para la creatividad.

    Liderar desde el asombro, no desde el agotamiento

    Existe una correlación directa entre la capacidad de juego de una líder y la resiliencia de su equipo. Una mujer que se da permiso para explorar sin el látigo de la rentabilidad es una mujer que desarrolla una flexibilidad cognitiva superior. El juego nos entrena para la incertidumbre. En el juego las reglas pueden cambiar, los escenarios son fluidos y el error es parte de la diversión. ¿No es eso, exactamente, lo que ocurre hoy en el mundo de los negocios?

    Si tratamos nuestra vida profesional como una partida de ajedrez donde cada movimiento debe ser perfecto, terminaremos paralizadas por el análisis. Pero si recuperamos el espíritu de la exploración, el liderazgo se vuelve más humano, más ligero y, curiosamente, mucho más efectivo. Dejamos de gestionar personas para empezar a inspirar posibilidades.

    La reconquista del tiempo no productivo

    ¿Cómo se empieza a jugar cuando te han enseñado que el descanso es un premio que solo se gana tras el agotamiento? No necesitas comprarte un kit de manualidades complejo ni inscribirte en un taller de cerámica de trescientos euros. El juego empieza con una decisión radical: voy a hacer esto y no servirá para nada.

    Puede ser dibujar garabatos mientras escuchas un podcast, cambiar la ruta de tu paseo diario para ver qué hay en esa calle que nunca cruzas, o dedicar quince minutos a jugar con el perro sin mirar el móvil. El secreto está en proteger ese tiempo como si fuera la reunión más importante de tu agenda, porque lo es. Es el momento en el que dejas de ser una función de tu trabajo para volver a ser una persona con curiosidad.

    El juego como el nuevo lujo silencioso

    Hablamos mucho de lujo en términos de bolsos o vacaciones, pero el verdadero lujo contemporáneo es la capacidad de perder el tiempo con alegría. En una cultura que nos exige estar siempre "on", la rebeldía más sofisticada es apagar el interruptor de la utilidad.

    Recuperar el derecho al juego no es un capricho infantil, es un acto de soberanía mental. Es decirle al mundo que tu valor no depende exclusivamente de lo que produces, sino de tu capacidad para estar viva, presente y fascinada por el proceso. La próxima vez que sientas que "deberías" estar haciendo algo provechoso, detente. Pregúntate qué pasaría si, por una vez, te permitieras el placer de no llegar a ninguna parte.

    Lo más probable es que, al regresar de ese recreo mental, descubras que la solución al problema que te quitaba el sueño estaba ahí, esperándote, escondida detrás de las ganas de jugar. Porque al final del día, las mujeres más extraordinarias no son las que más trabajan, sino las que nunca han perdido el brillo de la curiosidad en los ojos.

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